
San Salvador, 24 de marzo de 2026. En el marco del Día Mundial del Agua (22 de marzo), reafirmamos que el acceso al agua segura no solo responde a una necesidad básica, sino que es un pilar fundamental para garantizar derechos, especialmente el de la educación.
Esta convicción también estuvo presente este día en nuestra participación en el Foro Regional “Agua para la igualdad: las mujeres y las niñas al centro de las soluciones”, donde compartimos cómo la crisis hídrica en El Salvador impacta de manera directa en la vida cotidiana de niñas, adolescentes y mujeres.
En el país, miles de familias enfrentan dificultades para acceder al agua potable. Cerca del 27.9 % de la población no cuenta con este servicio en sus viviendas, y muchas comunidades dependen de sistemas racionados o de largas jornadas para recolectarla. Esta realidad tiene consecuencias profundas: niñas que dedican horas a acarrear agua, reduciendo su tiempo de descanso, estudio y juego; escuelas sin condiciones adecuadas de higiene; y enfermedades prevenibles que afectan la asistencia escolar.
Detrás de estas cifras hay historias concretas. Como la de muchas comunidades donde el acceso al agua depende de sistemas artesanales o fuentes limitadas, lo que condiciona la vida familiar y educativa. Sin embargo, también hay avances: la instalación de soluciones como filtros de agua en centros educativos demuestra que garantizar agua segura transforma la experiencia escolar y fortalece la permanencia educativa.
Cuando una escuela cuenta con agua, se convierte en un espacio donde la niñez puede aprender, convivir y desarrollarse con dignidad. Especialmente para las niñas, esto significa menos barreras, más oportunidades y mejores condiciones para continuar su educación.
Durante el foro, destacamos que la respuesta a la crisis hídrica debe incorporar un enfoque de derechos y de igualdad. Esto implica promover la participación activa de niñas y adolescentes, fortalecer el liderazgo de las mujeres en la gestión del agua, e impulsar soluciones sostenibles como la protección de fuentes, la captación de lluvia y el saneamiento adecuado.
Garantizar el acceso al agua segura es, en esencia, garantizar igualdad. Es permitir que las niñas permanezcan en la escuela, que las comunidades sean más resilientes y que el desarrollo sea verdaderamente inclusivo.
Porque cuando el agua fluye, también lo hacen las oportunidades. Y asegurar este derecho es un paso decisivo para construir un futuro más justo para la niñez.